domingo, 15 de marzo de 2015

La NASA lanza una flotilla de cuatro satélites con una misión pionera

La MMS estudiará con alta precisión procesos físicos en la magnetosfera terrestre


La NASA ha facilitado esta fotografía del lanzamiento del Atlas V, en Cabo Cañaveral, el viernes 13 de marzo de 2015.
Esta madrugada, a las 4.44 hora peninsular española, se ha producido el lanzamiento de una flotilla de cuatro satélites científicos que, desplazándose en formación alrededor de la Tierra, estudiarán los procesos físicos de la llamada reconfiguración de los campos magnéticos que se producen en el escudo magnético que protege nuestro planeta de las partículas de alta energía procedentes del Sol. Es la misión Magnetospheric Multiscale (MMS), de la NASA, con un coste de unos mil millones de euros. Los cuatro artefactos espaciales idénticos, han partido hacia el espacio apilados en la punta de un cohete Atlas V preparado en la base espacial de Cabo Cañaveral (Florida).
La MSS es heredera de la misión europea Cluster de la Agencia Europea del Espacio (ESA), también formada por una escuadrilla de cuatro artefactos (lanzados en 2000) volando en formación para estudiar la interacción del Sol con el entorno magnético de la Tierra. La nueva misión avanzada de la NASA proporcionará mayor resolución espacial y temporal en la toma de datos, algo crucial para explorar la región concreta en la que se produce la reconfiguración de los campos magnéticos, proceso que se produce en la denominada región de difusión de electrones, en el que se emiten enormes cantidades de energía y que puede afectar al funcionamiento de satélites de comunicaciones, del sistema GPS e incluso las redes eléctricas en la superficie terrestre. Los científicos esperan, con la nueva información que adquieran, avanzar hacia la predicción del tiempo espacial y ayudar a proteger esos esenciales medios tecnológicos. Además, la reconexión magnética origina rayos cósmicos de alta energía y las auroras.
Los cuatro satélites idénticos de la misión MMs apilados para el lanzamiento en la punta de un cohete Atlas V. 
Cada uno de los cuatro satélites idénticos de la misión MMS pesa 1.250 kilos (incluido combustible) y mide, con una forma octagonal, unos 3,5 metros de ancho y 1,2 metros de alto, con hasta ocho diferentes antenas desplegables para los diferentes sensores. Cada aparato lleva 25 instrumentos científicos a bordo.
Tras el lanzamiento, los cuatro satélites se han desplegado y, en una órbita casi ecuatorial, deben colocarse en una formación precisa, de forma piramidal ajustable, lo que permitirá hacer una exploración tridimensional. “Los sensores de la MMS medirán las velocidades de las partículas cargadas así como los campos magnético y eléctrico, con resolución temporal sin precedentes, de milisegundos, y la precisión necesaria para captar la elusiva, delgada y dinámica región de difusión de electrones”, explica la NASA.
La misión MMS ha sido desarrollada por el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, en Maryland, y participan en su programa científicos diversos institutos de investigación estadounidenses en internacionales.

Seis cosas que la física de partículas puede hacer por usted

Airbags contra fracturas y sensores para reducir el derroche de alimentos son algunos de los prototipos salidos del nuevo programa de innovación para jóvenes del CERN


Una de las estudiantes de CBI prueba el prototipo de falda con airbag, que funciona con una pequeña cápsula de gas como la de los chalecos salvavidas 

El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) es el acelerador de partículas más grande del mundo y también el más caro. Construirlo costó a los países europeos y otros socios unos 6.000 millones de euros. Solo en electricidad la instalación gasta unos 19 millones de euros al año y la institución que lo aloja, el laboratorio europeo de física de partículas CERN, tiene un presupuesto anual de más de 1.000 millones de euros que pagan los países miembros. Ante estas cifras astronómicas cualquier ciudadano podría preguntarse ¿y a mí, de qué me sirve todo esto? Más allá de los ejemplos más célebres, como el Internet, que nació en esta institución, o sistemas mejorados de imagen médica, la pregunta desvela una carencia. Debido a lo ambiciosos que son sus objetivos científicos -desvelar algunos de los mayores enigmas del universo- y la sofisticación de la tecnología necesaria para hacerlo, es difícil ver cómo el esfuerzo material y económico que se hace en el LHC revierte en la sociedad.
Un nuevo programa desarrollado por el CERN en colaboración con universidades europeas se propone aprovechar el talento de los mejores físicos e ingenieros del mundo y las tecnologías que aloja esta enorme instalación con sede en Ginebra para intentar responder a la pregunta de ese ciudadano imaginario con ejemplos palpables. De paso, crea un nuevo programa formativo para jóvenes que no tiene que ver con la física de partículas, sino con el desarrollo de productos innovadores.
El CERN no se dedica a la educación, sino a la investigación, y lo que estamos haciendo es cambiar esa filosofía
Hace dos semanas, entre los prototipos presentados en la segunda edición de este programa, llamado Innovación Basada en Retos (CBI, en sus siglas inglesas), podían encontrarse faldas con airbag para evitar una rotura de cadera o sensores que analizan el interior de un alimento. Estos y otros prototipos pretenden atacar importantes problemas de las sociedades actuales, como el envejecimiento de la población y el creciente coste sanitario que suponen las caídas de personas mayores, el derroche de comida en su foco principal: los hogares.
Todos los prototipos han sido diseñados por estudiantes de máster de siete universidades en colaboración con expertos del CERN. Todos pretenden inspirarse en tecnologías desarrolladas para la investigación en física de partículas. Por ejemplo, gracias al enorme potencial de computación de este laboratorio europeo, el analizador de alimentos podría crear una vasta librería de datos de todas las frutas y verduras de consumo humano y sus parámetros de frescor y composición. Muchas frutas emiten un gas llamado etileno que, en el ambiente cerrado de un frigorífico, hace que otras frutas maduren y se pudran más rápido. Uno de estos sensores conectado a un ordenador podría enseñarle al ciudadano cómo colocar los alimentos dentro del frigorífico para que duren más tiempo, avisar de cuándo debe ser consumido un producto que está a punto de echarse a perder y evitar el desperdicio en cadena causado por el etileno. “En el LHC se ha desarrollado una tecnología que permite analizar 40 millones de colisiones entre partículas y es esa capacidad la que nos interesa”, resumía hace unos días el Nelson Gaash, uno de los estudiantes del programa, durante la presentación de los prototipos en la sede CERN, a la que Materia fue invitada por los organizadores.
Los desarrolladores de un sensor modular analiza el estado de una fruta 
En este centro de investigación también hay buenos expertos en robótica. En su trabajo se ha inspirado otro equipo de estudiantes para diseñar un algoritmo capaz de reconocer cuándo una persona se está cayendo y puede romperse la cadera. “El algoritmo acierta en torno al 96% de las veces y activa un airbag que va cosido en uno de los laterales de una falda”, explicaba Jordi Sánchez, estudiante del IED. Tanto las fracturas de cadera como la osteoporosis afectan mayoritariamente a mujeres. Las fracturas relacionadas con la osteoporosis suponen un gasto de unos 27.000 millones de euros en la UE al año.
El CBI es un programa educativo de seis meses para jóvenes especializados en tres disciplinas: ingeniería, diseño y dirección y administración de empresas. Los jóvenes reciben un reto de la sociedad y desarrollan un prototipo de tecnología para intentar solucionarlo. En esta segunda edición, tres universidades españolas -todas en Barcelona- han entrado a participar en el programa: la Universidad Politécnica de Cataluña, el Instituto de Diseño IED y el ESADE. Los otros cuatro proyectos desarrollados este año incluían nuevos sistemas para controlar el funcionamiento de edificios de forma remota y otros tres para mejorar la calidad de vida de personas ante la ceguera, el alzhéimer o el síndrome de asperger.
“El CERN no se dedica a la educación, sino a la investigación, y lo que estamos haciendo aquí es cambiar esa filosofía”, explica Markus Nordberg, responsable del programa. “No se trata de desarrollar nuevos productos, sino de ayudar a la gente”, resalta.

El número pi no es 3,14

Los matemáticos celebran hoy el Día de Pi, una constante conocida desde hace milenios que todavía genera fascinantes problemas, como averiguar si contiene infinitas veces el 5

Un pastel elaborado por un bloguero de EE UU el 14 de marzo de 2010.

El 20 de noviembre de 2005, mientras una patera con 10 personas a bordo desaparecía frente a las costas de Cádiz, mientras una tormenta tropical dejaba 11 muertos en Honduras, mientras el tenista suizo Roger Federer perdía su primer partido tras ganar 24 finales consecutivas, el chino Chao Lu recitaba números sin parar. Durante 24 horas y cuatro minutos, grabado por 26 cámaras y con decenas de testigos de la Universidad de Agricultura y Ciencias Forestales del Noroeste, en la provincia china de Shaanxi, Chao Lu cantó de memoria 67.890 decimales del número pi. Su hazaña fue certificada por el Libro Guinness de los records. No falló ni uno.
“Cuando alguien escribe que pi es igual a 3,14 me lloran los ojos”, confiesa el matemático Javier Cilleruelo, asombrado por los enigmas milenarios que oculta el número. Pi no es 3,14, como aprendimos en el colegio. Ni siquiera es 3,141592653, la cifra que hace que esta mañana se celebre el Día de Pi por representar, según la notación anglosajona, del mes 3, el día 14, del año 15, a las 9 horas, 26 minutos y 53 segundos. Y pi tampoco es el larguísimo número que memorizó Chau Lao. “Pi es la razón entre el perímetro de una circunferencia y su diámetro”, zanja Cilleruelo, miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), en Madrid. Pi, por lo tanto, es eterno.
En internet, es sencillo encontrar a chavales con los ojos vendadosrecitando de memoria los 1.000 primeros decimales del número pi. No llegan al prodigio de Chau Lo, pero tienen mérito. “Pi es un número irracional. No sigue ningún patrón y tiene un número infinito de cifras”, explica Cilleruelo. Esto significa que el número de teléfono móvil o el DNI de cualquier persona que esté leyendo esto probablemente aparecerán entre los primeros millones de decimales de pi, como se puede comprobar en varias páginas web. El teléfono móvil que publicó Wikileaks del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, por ejemplo, aparece a partir del decimal número 85.711.627.
El chino Chao Lu cantó de memoria 67.890 decimales de pi en 2005
En el colegio, los alumnos calculan cuánto tiene que medir una valla para rodear un jardín circular. Lo logran gracias a la famosa fórmula 2·π·r, en la que la r es el radio, la distancia desde la valla al centro del jardín. Bastan 39 cifras decimales para calcular la longitud de una circunferencia capaz de abarcar todo el universo conocido, con un error más pequeño que el radio de un átomo de hidrógeno. Sin embargo, los científicos no se han conformado con averiguar 39 decimales de pi.
En 2011, los ingenieros Alexander Yee, estadounidense, y Shigeru Kondo, japonés, calcularon los 10 primeros billones de decimales de pi. Su ordenador tardó casi un año en completar las operaciones y a punto estuvieron de fracasar, cuando el 11 de marzo de aquel año un terremoto y un tsunami golpearon la costa este de Japón, matando a unas 18.000 personas. La red eléctrica de medio país quedó destrozada, pero el PC que conquistaba un nuevo mundo matemático estaba conectado a otra red.
“Los que intentan averiguar más decimales no son friquis exóticos. Para llegar a billones de dígitos tienes que utilizar algoritmos ingeniosos, desarrollar nuevas matemáticas que permitirán resolver otros problemas”, señala Cilleruelo. Pi es una prueba de fuego en el mundo de la computación.
Para leer más:
http://elpais.com/elpais/2015/03/13/ciencia/1426279728_452492.html

Últimas noticias del fin del mundo

A las viejas amenazas capaces de desatar una hecatombe se unen nuevas, como la inteligencia artificial o la nanotecnología



La colisión de un gran asteroide de cinco kilómetros liberaría, según los científicos, la energía de 100.000 bombas atómicas.

El fin del mundo ha sido siempre patrimonio de la religión y, ocasionalmente, de Hollywood y sus películas de catástrofes. Sin embargo, la ciencia va acumulando datos y empieza a tomarse en serio los riesgos de que un fenómeno natural o provocado por los humanos pueda acabar con la civilización. Un reciente informe detalla los 12 grandes riesgos que podrían provocar el Apocalipsis anunciado en los textos sagrados o en las salas de cine.
"La mayoría de los guiones de Hollywood exigen heroicos esfuerzos para salvarnos y los grupos religiosos milenaristas le buscan un significado trascendente a estos desastres", dice el investigador del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford (IFH) y coautor del informe, Stuart Armstrong. Sin embargo, para la ciencia, "estos riesgos son principalmente cuestiones que pueden reducirse a conceptos nada glamurosos, como la eficiencia energética, y la mayoría no tienen ningún significado o racionalidad detrás", añade.
El IFH y la Fundación Retos Globales, basada en Suecia, han recopilado todo lo que la ciencia sabe sobre estos posibles cataclismos con tan poco encanto. Una treintena de expertos repasaron centenares de libros y artículos científicos hasta obtener un listado con los eventos que podrían acabar con la civilización humana, incluso con la propia existencia de los humanos. El informe 12 riesgos para la civilización humana hace hasta una estimación de la probabilidad de que alguno suceda en los próximos 100 años.
Unos peligros, como el cambio climático o la guerra nuclear, llevan tiempo entre nosotros. Otros son tecnologías emergentes que podrían tener un lado oscuro, como la inteligencia artificial o la biología sintética. Y algunos siempre han estado ahí y en el pasado provocaron grandes extinciones sobre la Tierra, como el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán. Además, entre varios de ellos podrían existir conexiones que agravaran el resultado final, haciendo imposible la vida sobre el planeta, al menos tal y como se conoce.

La mayoría de los peligros para la civilización humana han nacido dentro de ella
Lo que enseguida llama la atención en la lista es que la mayoría de los enemigos de la civilización humana han nacido dentro de ella. Solo en dos eventos, el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán, los humanos tienen poco que ver. Incluso en el caso de una pandemia global, hay un factor humano llamado globalización. En el pasado, epidemias como la peste negra o la gripe española no fueron apocalípticas porque el mundo no estaba tan conectado como hoy.
"En la actualidad, los riesgos tecnológicos, especialmente la biología sintética, la inteligencia artificial y la nanotecnología, parecen suponer una mayor amenaza que los riesgos naturales, con la posible excepción de las pandemias", dice Armstrong. "La guerra nuclear también es una gran amenaza y es un riesgo antropogénico aunque no sea estrictamente de origen tecnológico", añade este experto en inteligencia artificial y riesgos globales.
La lista de los 12 jinetes del Apocalipsis no ha sido elaborada siguiendo un orden jerárquico, según su mayor o menor probabilidad o intensidad. La encabeza el cambio climático al que los investigadores le añaden el adjetivo de extremo. Es el prototipo de riesgo antropogénico o endógeno. El progreso humano no ha sido mayor en la historia como desde la Revolución Industrial y las revoluciones científicas asociadas a ella. Creación de riqueza, elevación general del nivel de vida, mejora de las condiciones sanitarias...

Para leer más:
http://elpais.com/elpais/2015/03/14/ciencia/1426352423_967749.html

“Hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para sobrevivir”

Lewis Darnell acaba de publicar 'Abrir en caso de apocalipsis', una guía para reconstruir la civilización paso a paso después de una gran catástrofe global

Lewis Dartnell, astrobiólogo y autor del libro 'Abrir en caso de apocalipsis' 

A las seis de la tarde, en la estación de Waterloo, en Londres, parece difícil imaginar la posibilidad de que la civilización moderna pueda derrumbarse. Bajo enormes estructuras de acero, individuos procedentes de medio mundo comen y beben productos que parecen inagotables. Un flujo de electricidad casi infalible facilita un trasiego frenético aún cuando ya ha caído la noche, y los trenes devuelven a sus casas a los trabajadores que regresan tras una jornada más manteniendo en marcha su pequeña pieza del engranaje capitalista.
Allí, muy cerca de las instituciones donde científicos como Michael Faraday o Charles Darwin ayudaron a crear el mundo moderno, llega también el tren de Lewis Dartnell (Reino Unido, 1980). Astrobiólogo de profesión, acaba de publicar en España Abrir en caso de apocalispsis (Debate), un libro en el que se plantea los pasos necesarios para reanimar la sociedad moderna tras una hecatombe nuclear, una epidemia letal o cualquier otra gran catástrofe planetaria.
Si perdemos un tercio de la población hoy, no podríamos continuar como si nada
En poco más de 300 páginas, Dartnell muestra que ni la comida aparentemente inagotable ni el flujo eléctrico supuestamente infalible son frutos de un fenómeno mágico, sino de un sofisticado sistema construido por siglos de ingenio humano que podría evaporarse de repente. El libro explica paso a paso cómo recuperar las tecnologías básicas sobre las que se sustenta el mundo actual y por el camino hace una radiografía que permite ver las tripas al mecanismo del que depende nuestro estilo de vida y sobre el que la mayoría conoce muy poco.
Pregunta. Los humanos de la prehistoria o los agricultores de la Edad Media conocían casi todo sobre el funcionamiento de su mundo. Los humanos actuales lo desconocen casi todo sobre el suyo.
Respuesta. Como sociedad somos más competentes, tenemos capacidades increíbles, pero como individuos hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para sobrevivir. Esa es la forma en que la civilización progresa. No es posible que todo el mundo sepa cómo funciona todo. Para que la sociedad sea más compleja, cada persona tiene que tener un conocimiento específico y concentrado.
P. ¿Esto nos hace más vulnerables?
Los europeos no eran más listos que el resto, solo estuvieron en el lugar y el momento adecuado
R. Si la civilización se desmorona nos costará más llegar hasta el punto en el que estamos ahora. Además, esa complejidad hace que todo esté interconectado. Si quieres producir comida, necesitas electricidad para hacer fertilizantes, y necesitas petróleo y combustibles fósiles para transportarlo todo. Si hay un desastre, con que retires uno de esos ladrillos el muro se derrumba. En la década de 1340, cuando la peste negra azotó Europa, un tercio de la población europea murió y básicamente nada cambió. Si perdemos un tercio de la población hoy, no podríamos continuar como si nada.
P. ¿Hay planes gubernamentales para reiniciar la civilización en caso de una catástrofe global?
R. No lo sé, pero sospecho que no, porque los Gobiernos, que son elegidos cada cuatro años, no van a dedicar recursos a reconstruir una civilización cuando ya no existan. Si la civilización cae, por definición, el Gobierno ya no existirá.
P. ¿Haría falta enseñar los mecanismos básicos de nuestra tecnología y nuestra civilización en las escuelas?
Algunos prisioneros durante la II Guerra Mundial hicieron equipos de radio, utilizando alambre de espino
R. Por una parte, no creo que tengamos que enseñar eso en la escuela. Lo que las escuelas tienen que hacer es enseñar a la gente las habilidades que necesita durante la época que le ha tocado vivir. Hace 200 años necesitábamos muchos granjeros para producir comida, pero eso ya no tiene sentido. No obstante, aunque no lo necesites, y esa es la filosofía detrás del libro, entender los principios y los fundamentos básicos detrás de todos esos procesos, y valorarlos, es importante. Vamos a un supermercado y la comida aparece como por arte de magia o vamos a una tienda y compramos ropa que no tenemos ni idea de cómo se hizo. Yo me siento un poco insatisfecho con esa sensación de desconexión y creo que el conocimiento nos hará sentir mejor.

Para leer más:
http://elpais.com/elpais/2015/03/11/ciencia/1426103106_178074.html

domingo, 1 de marzo de 2015

Este programa juega mejor a los 'marcianitos' que un humano

Expertos en inteligencia artificial de Google crean un algoritmo que aprende por sí solo a jugar con decenas de videojuegos de los años 80 como 'Space Invaders' o el 'Comecocos'.


Esta recreación muestra la red neuronal artificial que usa el programa DQN para vencer a las hordas del mítico juego 'Space Invaders'. 
La inteligencia artificial le está ganando la partida a la humana paso a paso. Las máquinas lo hacen mejor al ajedrez o al póquer, están desplazando a los cirujanos en los quirófanos y, en la Bolsa de Nueva York, el 75% de las operaciones las realizan algoritmos matemáticos. Ahora, expertos en inteligencia artificial de Google han creado un algoritmo capaz de conseguir más puntos que un humano jugando a los marcianitos. Y lo logra tras aprender de la experiencia, reforzado por los premios y reposando lo aprendido. Casi como lo hacen los seres humanos.
DeepMind es una joven empresa británica dedicada a la inteligencia artificial de solo cinco años de vida. Algo debían de estar haciendo bien cuando Google la compró el año pasado en una dura pugna con Facebook por casi 700 millones de euros. Lo suyo es el aprendizaje de máquinas, las redes neuronales artificiales o agentes y algoritmos matemáticos, los elementos sobre los que se apoya la inteligencia artificial.
La última creación de DeepMind es DQN (o deep Q-network). Se trata de un programa, o agente en la jerga de la inteligencia artificial, que juega y muy bien a los videojuegos. Con un mínimo de información sobre las reglas del juego, las acciones permitidas (como el movimiento del cursor o los disparos) y las pantallas, este algoritmo se tuvo que enfrentar a una cincuentena de juegos de la mítica videoconsola Atari 2600 y las máquinas Arcade que, con títulos como el Comecocos (Pacman), Space Invaders o Pong, desplazaron al futbolín o al pinball de los salones recreativos en la década de los años 80 del siglo pasado.
"DQN superó a los anteriores sistemas de aprendizaje de máquinas en 43 de los 49 juegos", comenta Demis Hassabis, uno de los fundadores de DeepMind. Aunque el objetivo de la investigación, publicada hoy en la revista Nature, no era demostrar que también podía batir a los humanos, este agente "rindió por encima del 75% del nivel de un jugador humano profesional en más de la mitad de los juegos", añade Hassabis.
El algoritmo se enfrentó a 49 juegos Arcade de los años 80 superando a otros algoritmos y a un jugador humano profesional
En los títulos más populares de entonces, como el juego de boxeo Boxing, los de matar marcianos como Space Invaders, el juego de bolas Video Pinball o Pong, basado en el tenis de mesa, DQN superó al jugador humano, llegando a obtener puntuaciones 25 veces más altas.
Pero lo más llamativo de este agente de inteligencia artificial es su capacidad para aprender y el método con el que lo hace. Hassabis lo ejemplifica con el juego Breakout, evolución del Pong donde había que derribar series de ladrillos situados en la parte superior de la pantalla con una pelota. En las primeras fases de su entrenamiento, DQN mueve torpemente la barra para devolver la bola, perdiendo muchas vidas. Pero tras unos centenares de ensayos, descubre algo que parecería solo al alcance de un jugador humano: si rompía los ladrillos del lateral, podía colar la pelota sobre ellos y derribarlos por arriba mientras la barra sestea.
"DQN adoptó estrategias sorprendentemente anticipatorias que le permitieron conseguir la máxima puntuación posible", comenta el investigador de DeepMind. Y lo hizo sin ninguna instrucción o truco que le chivaran sus programadores. En su código, disponible para usos no comerciales, solo cuenta con los parámetros generales del juego y las pantallas en forma de píxeles. El algoritmo y su red neuronal artificial hicieron el resto.
Para leer más:
http://elpais.com/elpais/2015/02/25/ciencia/1424860455_667336.html

Descubierto el agujero negro más grande y brillante del universo primitivo

Un cuásar 420 billones de veces más brillante que el Sol iluminó el cosmos en su infancia


Reconstrucción de un cuásar 

Hace unos 12.800 millones de años, cuando el universo aún era un niño que solo había vivido el 6% de su vida, existió un descomunal faro 420 billones de veces más luminoso que el Sol. Por aquella época el universo estaba saliendo de la edad oscura, un periodo que duró cientos de millones de años y en el que todo era tiniebla. Después aparecieron las primeras estrellas y galaxias y la luz comenzó a invadirlo todo. Poco antes de que esta etapa —conocida como reionización— acabase, se encendió ese faro cuyo origen era un descomunal agujero negro que acaba de ser descubierto y analizado por un equipo internacional de astrónomos. Los investigadores creen que este monstruo tenía unas 12.000 millones de veces más masa que el Sol, lo que le convierte en el objeto de este tipo más grande y luminoso del universo temprano.

El objeto descubierto es un cuásar, una masa de materia acelerada por un agujero negro supermasivo que hay en su centro. Parte de esa materia es engullida y otra escapa en un flujo de partículas que se mueven a casi la velocidad de la luz. Este proceso produce una potente luz que convierte a los cuásares en los objetos más luminosos del universo. Hasta ahora, apenas se conocían 40 con más de 12.700 millones de años.
“Este cuásar es único”, ha dicho Xue-Bing Wu, astrónomo de la Universidad de Pekín (China) y codescubridor de este objeto. “Como si fuera el faro más potente en el universo lejano, su luz nos ayudará a explorar mejor el universo temprano”, ha añadido en una nota de prensa difundida por el Gran Telescopio Binocular de Arizona, uno de los instrumentos usados para la detección.
El cuásar tiene una masa 12.000 millones de veces mayor que el Sol
El hallazgo es importante para entender el origen de las galaxias, incluidas esas en las que se dan condiciones necesarias para la vida, como la Vía Láctea. Se piensa que todas tienen un gran agujero negro en su centro y también que en sus orígenes pudieron albergar un cuásar activo como el descubierto en el actual estudio, publicado hoy en la revista Nature.
Para leer más:
http://elpais.com/elpais/2015/02/24/ciencia/1424803741_747533.html