lunes, 17 de noviembre de 2014

Un gigante australiano


Tras la resaca de éxitos del motociclismo español, no me refiero con el título de este blogo a Mick Doohan, el casi imbatible piloto de Brisbane que ganó un puñado de mundiales de la máxima categoría después de que casi le amputaran su pierna derecha tras un accidente durante unos entrenamientos en el mítico circuito de Assen. En Australia también se han encontrado grandes dinosaurios, aunque son mucho menos conocidos que los procedentes de todos los demás continentes. El que más y el que menos habrá oído hablar alguna vez de Argentinosaurus -no es necesario explicar mucho más acerca de su lugar de procedencia-, de los norteamericanosSeismosaurusApatosaurus o Diplodocus, del asiático Mamenchisaurus,del europeo Turiasaurus o de Brachiosaurus (ahora Giraffatitan) africanos. Ahora bien ¿quién conocía a Wintonotitan?
Winton está situado en el estado de Queensland, no demasiado lejos -a escala australiana- de su capital, la ciudad natal de Doohan. Allí aflora la llamada Formación Winton, del Cretácico Superior, y en uno de sus yacimientos se encontraron los restos -fragmentarios y mal conservados- de un dinosaurio saurópodo cuya antigüedad se estima en unos 95 millones de años. Los fósiles recuperados corresponden a elementos del esqueleto axial y apendicular, sin haberse podido encontrar restos craneales.
Radio derecho del saurópodo Wintonotitan wattsi en varias vistas. / Poropat y coautores - Papers in Palaeontology.
Preciosa ilustración de vértebras caudales de Wintonotitan wattsi. / Poropat y coautores - Papers in Palaeontology.
Este dinosaurio pertenece al grupo de los Titanosauriformes sonfospóndilos no-titanosaurios, que como trabalenguas no está mal. Y acaba de ser estudiado de nuevo por investigadores de un equipo sueco, australiano y británico, que lo han descrito con todo detalle, lo que les ha permitido no sólo aportar datos inéditos, sino también corregir algunas inexactitudes de la descripción original, que disculpan por la dificultad de identificación de algunos huesos debido a su mal estado de conservación. Sin embargo, a pesar de los cambios que se han tenido que introducir en algunos de los caracteres utilizados para establecer sus relaciones de parentesco, aquellos no han sido lo suficientemente relevantes como para cambiar el esquema filogenético propuesto y se sigue considerando vigente el trabalenguas apuntado con anterioridad.
Otra aportación de esta nueva publicación aparecida en Papers of Palaeontology supone, en cambio, una modificación sustancial a la caracterización de Wintonotitan. Se había publicado que poseía osteodermos (placas óseas superficiales) pero esos fósiles acaban de ser reinterpretados como fragmentos de espinas neurales de vértebras dorsales; por lo tanto, resulta que, al menos de momento, Australia se queda sin evidencias de osteodermos de dinosaurios saurópodos.

Wintonotitan convivió con otro saurópodo semejante, Diamantinasaurus, pero algo más derivado porque este sí que es un titanosaurio (perteneciente al grupo de los Lithostrotia), lo que sugiere que explotaban diferentes recursos ecológicos, si bien la ausencia de cráneos en ambos tipos de animales no permite aventurar cuáles serían sus respectivas preferencias alimenticias.

La última oportunidad del urogallo


  • Científicos realizan una suelta controlada de tres hembras para luchar contra su extinción

Urogallo Cantábrico.
Urogallo Cantábrico. 
Hace cinco años se pensaba que el urogallo cantábrico estaba condenado a desaparecer en 2030. Sin embargo, las organizaciones conservacionistas no quieren resignarse y han arrojado una luz de esperanza para esta subespecie, de la que sólo quedan unos 30 ejemplares distribuidos por un territorio demasiado amplio como para que puedan hacer una vida común y establecerse.
Para luchar contra la que parecía una inevitable extinción se han aliado la Fundación Biodiversidad y el comité científico deLIFE+Urogallo Cantábrico, quienes llevan desde 2012 centrando sus esfuerzos en recuperar el hábitat de estas aves, "modificado por ungulados silvestres (cabras, ciervos, corzos, etc.) y los efectos antagónicos de la evolución del medio forestal debido al abandono rural", según afirman los expertos que trabajan en el proyecto.
Huellas de urogallo en la nieve.
Así, estas organizaciones han arrancado el pasado mes de octubre un plan para recuperar al urogallo cantábrico en el Parque Regional de los Picos de Europa, donde han soltado a tres hembras que se han adaptado perfectamente a la vida en los bosques. "Ha sido el resultado de un proceso de crianza muy laborioso a base de proporcionarles alimento natural, el mismo que encontrarían una vez liberadas", explicó a EL MUNDO el subdirector de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y director del Comité de Gestión del proyecto LIFE+Urogallo, Ignacio Torres.
También la Fundación Oso Pardo estuvo implicada en desbroces para recuperar al urogallo, pues, según declaró su presidente, Guillermo Palomero, "es una especie emblemática del bosque cantábrico y es urgente abordar este problema, porque ha tenido una regresión galopante, pues está perdiendo población y área de distribución de forma muy rápida". Además, asegura que la disminución del urogallo continúa con una desaparición "de libro", pues ha empezado por los extremos y ahora lo hace por la zona central, de forma vertiginosa. "Hablamos de dos o tres décadas, un periodo muy corto para una extinción", concluye. Sin embargo, para Palomero "todavía hay esperanza" en las pequeñas poblaciones del alto Sil leonés y el alto Narcea asturiano.
Urogallo en la nieve. 
Así todo, las tres organizaciones coinciden en que sigue existiendo una regresión, sobre todo debida al problema de variabilidad genética que implica que las poblaciones estén dispersas. De este modo, según cuenta Ignacio Torres, los centros de cría intentan aumentar "el stock reproductor" para aumentar esta tasa, que según los últimos datos no llega al pollo anual por hembra. En esto trabaja el centro de cría de Sobrescobio, en el que "mediante un programa de captura de hembras, se retiran las puestas para la incubación artificial y crianza de pollos como futuros reproductores", concluye.
Además, el subdirector de la Fundación Biodiversidad también explica que, como en todo proceso de reintroducción de especies, los centros de cría son uno de los puntos clave que se utilizan para conservar al animal en cuestión, en un proceso que estará patente hasta que se alcance una población silvestre que se mantenga estable por sí misma.

Recuperar el hábitat

En el marco del proyecto LIFE+Urogallo Cantábrico se han llevado y se están llevando a cabo múltiples acciones de conservación y mejora del hábitat de esta subespecie, principalmente con la mejora de la estructura forestal, para diversificar sus territorios, y de las arandaneras, como elemento clave en la alimentación de estas aves.
"El urogallo es una 'especie paraguas', de modo que muchas de las acciones que se están llevando a cabo para recuperar la distribución no sólo lo benefician a él, sino a muchas otras especies que comparten el mismo hábitat, como el oso pardo, la perdiz pardilla o la liebre de piornal, todas ellas en situación complicada", asegura Torres.
Área de desbroce manual.
Los desbroces y el control de depredadores y competidores en el área de reintroducción, según expertos del proyecto, "se realizan de forma controlada por las administraciones y siguiendo las directrices establecidas en los informes técnicos sobre la predación y sobre la competencia elaborados en el marco del proyecto LIFE+Urogallo Cantábrico. Las acciones, además, se someten a un programa de seguimiento que estará valorando continuamente los resultados obtenidos, así como a una evaluación por parte del comité científico de esta organización", explican.
Sin embargo, no solo es necesario controlar a los depredadores y extender el hábitat, sino que hay que preparar a las aves para que puedan identificar a potenciales 'enemigos' y puedan huir. "Se trata de un comportamiento instintivo de las especies de presa. Así que durante la cría en cautividad en el centro de Sobrescobio, donde se criaron las hembras que se han soltado, se llevaron a cabo experiencias con perros y la respuesta de los urogallos fue la esperada: de huida y de mimetizaje", asegura Torres. Además, los expertos también han podido observar el mismo comportamiento ante la presencia de rapaces que cruzan el cielo. "Ambas experiencias han permitido comprobar que la respuesta de los ejemplares criados en el centro es la adecuada", concluye.

Rapida decadencia

Urogallo en un pinar. 
Los expertos aseguran que es muy difícil saber si algún día se normalizará la situación de esta subespecie. Por su parte, Guillermo Palomero, asegura que su rápido paso de una población fuerte a una mera presencia testimonial, "o casi la extinción", es un "fiel reflejo de la rapidez de su decadencia", por lo que no puede dejarse de trabajar para evitar la extinción.
Torres coincide. "Lo principal es detener la tendencia observada durante las tres últimas décadas en el descenso de sus poblaciones". Además, confía en que "todas las acciones que se han llevado a cabo en estos últimos años en el marco de LIFE+Urogallo Cantábrico comiencen a dar resultados poco a poco".
Sin embargo, este proyecto caduca en 2016. "Cuando se acabe este LIFE+ hay que continuar, seguir actuando con mucha firmeza, el proyecto lo merece", asegura Palomero.
En la Fundación Biodiversidad son optimistas. Torres declaró sin dudar que confían en que "la especie se recupere y sea de nuevo habitual ver, oír y disfrutar del urogallo en los bosques de la cordillera cantábrica".

domingo, 12 de octubre de 2014

El ‘darwinismo’ del violín


Un estudio usa la teoría de la evolución para analizar cómo ha cambiado la forma del violín.

La forma del violín universal creada con cientos de instrumentos. / DANIEL CHITWOOD (CC)

Daniel Chitwood (Norwalk, 1981) le gustaba mirar y clasificar hojas. Pero hay tantas que penden de los árboles que decidió buscarse algo más manejable: un violín. Mejor dicho, 9.000 violines. En la investigación que publica hoy la revista online PLoS One, este biólogo del centro de investigación de Danforth (EEUU) aplica los principios de la evolución para concluir que la apariencia de este instrumento le debe más a Darwin que a la música.
“Toco la viola y esa es mi conexión con la música. Pero mis estudios se han centrado en la morfología de las hojas ideal para cada ecosistema. La ventaja de los violines frente a las hojas es que la cantidad de datos para elaborar una estadística es más manejable”, explica. Pero en ningún modo pequeña. Chitwood analizó las formas “muy complejas” de más de 9.000 violines, pues existe un registro fotográfico de todas estas piezas que permite analizar sus cambios durante cuatro siglos de música. “Muy pronto entendí cuál era el factor fundamental de este cambio: el tiempo”.

El encanto del 'stradivarius'
Chitwood observó que el flujo de esos 400 años iba acabando con la gran variedad de formas que presentaban los ancestros más inmediatos del instrumento para acabar limitando su apariencia a cuatro modelos fuertemente ligados a cuatro familias: Maggini, Amati, Steiner y, cómo no, Stradivarius. “Él fue el primero en encontrar una forma distinta. Y después está muy bien documentado en la historia cómo su apariencia se ha mantenido hasta el violín contemporáneo”. ¿Razones? La copia, o inspiración, de las formas inventadas por Antonius Stradivarius en Francia o Inglaterra entre 1840 y 1850. Y su posterior éxito en el público, que las asumió “como una moda”, en palabras del investigador, expandiéndolas “como un virus en lugar de otras opciones”.
El estudio llega más lejos aún al subrayar lo “llamativo de que la característica forma de los violines se haya pasado por alto (e incluso haya sido ignorada voluntariamente) en el estudio de la acústica moderna”. Chitwood cita a científicos y humanistas como el francés Félix Savart (1791-1841) que ya habían propuesto otras formas más adecuadas para mejorar el sonido de los violines, en su caso, una geometría trapezoidal. Resumiendo, que la fama debida a losstradivarius no venía de ser los mejores violines, “aunque su calidad fuera excepcional”, reconoce Chitwood, sino de otros factores ingobernables como son el gusto o la imitación. “Lo importante es que la gente percibía que estos instrumentos eran mejores. Y por eso estaban dispuestos a pagarlos a precios más altos y en consecuencia, su forma perduró. Y esto, hasta cierto punto, es un resumen de cómo funciona la evolución. La evolución no encuentra la mejor solución para un problema, sino que premia al que mejor se reproduce y se adapta a su entorno. Y en ese sentido, el stradivarious es el que mejor se adaptó a su época”.
Uno de los diagramas de Chitwood que muestra la variación de la forma de los instrumentos. Las siluetas en negro marcan ejemplos de los predecesores del violín, de las formas más variadas. Los gráficos de dispersión muestran cómo los violines se concentran en unas dimensiones muy acotadas.
Esta visión evolucionista, que deja en un segundo plano la calidad musical del violín y apuesta por factores sociológicos como el gusto de una época o el poder de transmisión y nepotismo de los artesanos, encuentra como poco sus matices en opinión de otros expertos.Ramón Andrés (Pamplona, 1955), poeta y reconocido estudioso de la música, afirma que, “aunque se puede hablar de cierto darwinismo del violín”, lo esencial es la estética, sí, pero la estética musical. “La música, la búsqueda de un sonido, es el factor fundamental. Se llegaban a diseñar instrumentos en concreto para un intérprete. El espacio también fue clave. Se dejó de tocar en lugares pequeños y eso requería un cambio también en la forma de los instrumentos para que alcanzaran un mayor volumen. La creación de una música nueva exige instrumentos nuevos, y no al revés”, añade Andrés. Para él, el salto a unas conclusiones basadas en el paralelismo con la biología y la teoría de la evolución es “muy relativo”.
Independientemente de la polémica que genere su estudio, a Chitwood le alegra poder cruzar los caminos a menudo inencontrables de ciencia y humanidades. “Fue el artículo más divertido que he escrito hasta ahora. Y lo que he hecho no es más que aplicar un principio muy estricto de la estadística a una cuestión clásica de las humanidades. Antes sentía que como científico no podía ocuparme de una cuestión cultural o histórica. Pero ahora creo que ambos saberes tienen mucho que aprender el uno del otro”.

Las diferencias entre un buen y un mal estudiante están en los genes


Un estudio con gemelos muestra la elevada 'heredabilidad' de la inteligencia


Las buenas notas de un chaval de 16 años dependen de un complejo cóctel de factores genéticos y ambientales del que la ciencia aún tardará (si es que lo consigue) conocer sus ingredientes. Sin embargo, con la ayuda de miles de gemelos y mellizos, investigadores británicos creen poder explicar el peso de los genes en la inteligencia y otras características que diferencian a los buenos de los malos estudiantes.
En genética de poblaciones, los gemelos monocigóticos (un óvulo fecundado) son de gran ayuda. Pero aún lo son más los gemelos dicigóticos o mellizos (dos óvulos fecundados). Mientras los primeros comparten el 100% de los genes, los segundos, estadísticamente, tienen un parecido genético del 50%. Esta diferencia puede ser clave para determinar el peso del ambiente o los genes en el perfil de los individuos.
Un equipo de expertos liderados por científicos del King College de Londres ha usado los datos del Certificado General de Educación Secundaria de 6.653 parejas de gemelos (un tercio del total) y mellizos para comprobar la influencia de los genes en las calificaciones. Este certificado es una especie de selectividad que han de realizar los estudiantes británicos al acabar sus estudios obligatorios, en torno a los 16 años.
Los investigadores partían de una premisa básica en este tipo de estudios con gemelos. Se presupone que los dos hermanos comparten el mismo entorno tanto doméstico como, en este caso, educativo. Sus padres ponen el mismo empeño en las tareas de los dos, van al mismo colegio y, en muchos caso, la misma clase... Igualados en lo ambiental, las diferencias entre las calificaciones entre monocigóticos y dicigóticos deberían ser de origen genético.

El estudio se basa en 6.653 parejas de gemelos, un tercio de ellos monocigóticos
Sus resultados, publicados en la revista PNAS, muestran que las calificaciones de los chavales presentan una gran heredabilidad. Este es un concepto de la genética cuantitativa que puede ser confuso. Alta heredabilidad no significa que el sobresaliente de un determinado alumno dependa más o menos de sus genes sino que las diferencias en las notas de una población, como los 13.000 estudiados, tienen un mayor o menos origen genético.
"Otros trabajos ya habían demostrado que los logros académicos son heredables", dice la investigadora del King College y principal autora del estudio, Eva Krapohl. "Lo que mostramos en nuestro estudio es que la heredabilidad de estos logros van más allá de la inteligencia. Es una combinación de otros muchos rasgos, todos heredables en mayor o menos medida", añade.
Los científicos condensaron casi un centenar de variables en nueve rasgos generales de los alumnos. Además de la inteligencia, tuvieron en cuenta aspectos como la confianza en las propias capacidades, su personalidad, salud general, bienestar, posibles problemas de conducta o cómo se percibían el entorno doméstico y el educativo.
Vieron que, al menos el 62% de las diferencias entre las calificaciones es de origen genético. De ese porcentaje, el principal culpable es la inteligencia. Pero no es la única. El resto de rasgos considerados, encabezados por la confianza en las propias capacidades, también tienen su papel.
De hecho, el resto de rasgos combinados supera el peso de la inteligencia en los logros educativos. El resultado es importante porque, como recuerdan los autores de la investigación, la inteligencia es muchas veces considerada de origen genético y otros factores como la confianza o la salud más ambientales.
"Nuestros resultados sugieren lo contrario: la influencia genética es mayor para los logros [académicos] que para la inteligencia y otros rasgos de la personalidad están relacionados con los logros académicos por razones genéticas", escriben en sus conclusiones.
Para leer más: http://elpais.com/elpais/2014/10/06/ciencia/1412618347_922859.html

¿Existen otros universos?


La formación de cosmos diferentes surge como predicción de teorías físicas. Expertos internacionales discuten en Madrid cómo serían o si colisionarían.


Los físicos que abordan el multiverso coinciden en que sería imposible visitar los universos vecinos, pero pueden estar ahí.
Nuestro universo, con lo inmenso que es, con centenares de miles de millones de galaxias visibles y tantos millones de estrellas en cada una de ellas, puede que no sea el único que exista. Tal vez hay otros universos, distintos del que conocemos, y alguno parecido... ¿Sería posible visitarlos? ¿Echarles un vistazo? ¿Comprobar siquiera si efectivamente están por ahí como burbujas aisladas... a no ser que entren algunas en colisión? Medio centenar de expertos estadounidenses, europeos y españoles se han reunido esta semana en un encuentro científico de alto nivel celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para discutir precisamente los multiversos y las teorías en las que emerge su existencia.
“Un pez en el océano, puede pensar que todo lo que existe es agua”, empieza por explicar Raphael Bouso, físico teórico de la Universidad de Berkeley (EE UU), abordando el multiverso con una metáfora. “Pero unos peces inteligentes empiezan a investigar y a hacer experimentos con los átomos que tienen alrededor y se dan cuenta de que esos átomos se pueden unir de otra manera y formar otras cosas, como aire, tierra... es decir, que en el universo puede haber regiones completamente diferentes de la que uno vive”. Así, esos experimentos y esas conducen a teorías científicas que pueden hacer predicciones. “Investigamos si puede haber otros universos sin tener necesariamente que visitarlos o verlos”, continúa Bouso, pero advierte: “La teoría no es suficiente, es importante pero no suficiente... hay que probarla”. Con toda la cautela, este científico es optimista y considera que en algún momento la ciencia logrará confirmar o descartar si hay más universos o si nuestro cosmos es único.
“Sí, creo que pueden existir, ¿por qué no? Pero no sé si se van a encontrar pruebas”, señala Lisa Randall, física de la Universidad de Harvard, algo más cautelosa.
Entre el medio centenar de especialistas participantes en el encuentro, organizado por el Instituto de Física Teórica IFT (UAM-CSIC), los hay que ponen más pegas y otros más favorables a la idea o, tratándose de ciencia, a las teorías que cuentan con el multiverso y los fiables que son.
Para leer más: http://elpais.com/elpais/2014/10/10/ciencia/1412964214_712706.html

El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad


El río Ébola, un humilde afluente del río Mongala, da nombre el agente infeccioso que surgió en 1976 y que ha matado ya a más de 4.200 personas

Miembros de la Cruz Roja transportan el cadáver de una víctima de ébola, en 1995, cerca de Kikwit, en Zaire. 
La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, hervideros recónditos, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo de la prefectura de Guéckédou, al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para levantar una sola ceja, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, Sia, su abuela Koumba y su hermana de tres años Philomène, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.
Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela Koumba, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario de Guéckédou se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a Macenta, Nzérékoré y Kissidogou. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.
Aquel primer brote de 1976 causó unas 400 muertes, lo bastante para llamar la atención de los epidemiólogos occidentales
El niño Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en esas cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS, datado el pasado viernes, recoge 8.376 casos –entre confirmados, probables y sospechosos— y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a Liberia, Nigeria, Senegal y Sierra Leona, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas
¿Qué tiene de especial este brote para haberse convertido en el peor de la historia? “El virus es el mismo que en los brotes anteriores de la República Democrática del Congo y Uganda”, dice en entrevista telefónica Ron Behrens, profesor principal de la London School of Higiene & Tropical Medicine (LSHTM). “Incluso a nivel de ADN se trata del mismo virus, pese a algunos polimorfismos" (cambios de ‘letra’ en el ADN, o más exactamente en el ARN, la molécula hermana que sirve de material genético al ébola).

El brote de las ciudades

“Lo realmente diferente de este brote”, prosigue Behrens, “es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada”.
El director del LSHTM es el codescubridor del ébola Peter Piot, que tampoco oculta su sorpresa por los aspectos de este brote que carecen de precedentes. “Es la primera vez que países enteros se han visto afectados”, escribe en WorldPost’: “Es la primera vez que las capitales con grandes poblaciones urbanas están implicadas; y es la primera vez que el virus se diagnostica fuera de África; en los 38 años que llevo trabajando con el ébola, nunca pensé que el virus tomara estas dimensiones, convirtiéndose de un pequeño brote en una horrible crisis humanitaria”.
Los científicos ven muy improbable que el caso de la enfermera española, o los similares de EE UU y Brasil, den lugar a brotes en países occidentales
El virus debe su nombre al río Ébola, un humilde afluente del río Mongala que a su vez vierte al río Congo, y que solo aparecería en los tomos más gruesos de geografía de no ser por el agente infeccioso que surgió allí en 1976 y que hoy supera en fama incluso al virus de la gripe aviar y a los priones de las vacas locas’ Aquel primer brote de hace 38 años causó algo más de 400 muertes, lo bastante para llamar la atención de los epidemiólogos occidentales. Contribuyó a ello la forma espantosa en que mataba a los infectados, con un cuadro de hemorragias generalizadas de tal envergadura que llegó a describirse en la época como “el cuerpo estallando desde dentro”. Que eso sea una exageración será probablemente un pobre consuelo para los contagiados.
Un día de septiembre de 1976, un piloto de Sabena Airlines, la antigua aerolínea nacional de Bélgica, llevó un termo y una carta al laboratorio de Amberes donde trabajaba el joven Peter Piot. La carta era de un médico de Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo (entonces Zaire), y explicaba que el termo contenía una muestra de sangre de una monja que acababa de morir en Yambuku, una aldea junto al río Ébola, a consecuencia de una enfermedad enigmática. El médico pedía a los científicos belgas que intentaran confirmar si se trataba de la fiebre amarilla.
Piot se puso su bata blanca –una protección que se consideraba adecuada en la época—, abrió el termo, apartó con el dedo un vial que se había roto y utilizó el otro, que estaba intacto, para hacer las pruebas. No era fiebre amarilla. Tampoco la fiebre de Lassa, ni el tifus. Pero algo había en el vial, porque cuando lo inyectaron a ratones empezaron a morir uno tras otro en escalofriante sucesión.
Cuando puso una muestra bajo el microscopio, Piot exclamó: “¿Qué demonios es eso?”. Era un virus grande y largo con forma de gusano
Cuando pusieron una muestra bajo el microscopio, Piot exclamó: “¿Qué demonios es eso?”. Era un virus grande y largo con forma de gusano. La única cosa parecida que se había visto antes era otro virus llamado Marburg, que había causado un brote de fiebres hemorrágicas que una década antes había matado a un grupo de investigadores en un laboratorio de esa ciudad universitaria alemana. Piot fue poco después uno de los primeros científicos que viajaron a Zaire para estudiar la misteriosa epidemia. Hace ahora 38 años.
Behrens, como el resto de los científicos conocedores del virus, ve muy improbable que el caso de la enfermera española, o los casos similares de Estados Unidos y Brasil, den lugar a brotes en los países occidentales. “Solo si el caso índice no fuera detectado a tiempo podría haber un problema”, dice. “No creo que el riesgo sea muy alto.
Pero la epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. “Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí”, añade Behrens.
Nadie ha inventado todavía el turismo virológico.